domingo, 6 de marzo de 2016

¿En verdad, no lo pensaste?


Si no pensé… ¿qué?, me preguntarás.
Si no pensaste acerca del FUEGO DE PRUEBA que te sobrevino sorpresivamente y no cesa.
Oras sin cesar a Dios, le confiesas tus pecados, le pides perdón en el Nombre de Jesús, te humillas, lloras delante de su Presencia. Y el Fuego de Prueba no cesa. Le rogaste a Dios que su Espíritu Santo ilumine hasta lo más oculto, escondido dentro de ti. Y nada. Todo sigue igual o incluso peor.
Estás siendo bombardeado. Eres el blanco del diablo donde él arroja sus dardos encendidos y envenenados. Te puede enviar: enfermedad, pestilencia, dolor, problemas económicos y familiares, pérdidas materiales o de personas amadas, humillación, calumnia, robo, inseguridad, miedo, malos sueños, depresión, angustias, muerte, persecución, martirio, tribulación, soledad, cárcel, torturas, etc.
Te has quedado solo. Se han multiplicado tus enemigos sin haber hecho tú nada. O sí, has hecho lo correcto en todo lo que viene a tu mano. Tus íntimos, esto es, familiares y amigos, se acercan para aconsejarte y analizar por qué llegaste a esta dramática situación.
Te parece que Dios no te escucha, que te abandonó. Te ves inmerso en medio de las tinieblas. ¿Dónde está la Luz que es Jesús?
Ya no sabes qué pensar de todo esto ni qué hacer.
Ocurre que nosotros vemos sólo un lado de la realidad que estamos viviendo. Dios conoce ambos lados: el terrenal y el espiritual. Y tú no tienes porqué saberlo.
¿Te resulta familiar el término ZARANDA? La zaranda es un utensilio que se utiliza para separar de algo, lo fino de lo grueso, para limpiarlo de impurezas. El diablo pone al cristiano dentro de una zaranda y lo mueve con violencia de un lado hacia otro. Lo zarandea para que el cristiano abandone, reniegue de Dios cuando le sobreviene sorpresivamente Fuego de Prueba. Dios lo permite, porque por este medio el Espíritu Santo santifica al cristiano, lo limpia, lo sana, lo restaura, lo libera, lo transforma a la imagen de Jesús.
Seguramente has leído el libro de Job y de sus sufrimientos y calamidades.


Job era un hombre perfecto, recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Satanás lo había estado observando detenidamente, por bastante tiempo. Lo había acechado, como acecha la bestia salvaje al corderito a quien planea devorar.
Y sí, tenía que reconocerlo, Job era FIEL a su Dios. Pero la pregunta era: ¿hasta dónde?
Rápidamente satanás fue a la Presencia de Dios y se lo dijo:
¿Sabés porqué Job te es fiel? Así cualquiera lo es. Le has dado muchas Bendiciones, lo has CERCADO a él, a su casa y a todo lo que tiene y has aumentado sus bienes como a nadie en la tierra.
Te desafío a que si Tú extiendes tu Mano a todo lo que le has dado, verás si no blasfema contra Ti en tu misma Presencia.
Dios aceptó el desafío con la condición de que la vida de Job no debía ser tocada.
¡Y Job no sabía nada de lo que estaban tratando respecto de él en el mundo espiritual! Tampoco había Biblia ni tenía el Espíritu Santo, ¡como nosotros! ¡Qué privilegio el nuestro!
Repentinamente le sobrevino un Fuego de Prueba que le quitó Todo. Perdió: hijos, familiares, bienes, etc. Quedaron sólo él y su mujer en medio de la nada. Todo destruido, saqueado. Y llegaron la pestilencia, los malos sueños, visiones terroríficas, tremendos dolores y sin calmantes, amarguras, la burla y la humillación de aquellos a quien él había amparado. Y a su mujer destrozada, ¡ni le hables de Dios!
Y este sufrimiento no duró pocos días.
 Llegó a lamentarse:
¿Por qué no morí en la matriz de mi madre y expiré al salir del vientre? Maldito el día en que se dijo que iba a nacer. He recibido meses de duras calamidades con noches largas y llenas de inquietud.
 No podía estar sentado o acostado. Le daba lo mismo la noche que el día. Todo su cuerpo, su carne se deshacía…
Job lloró, se quejó delante de Dios. En otros momentos se preguntaba dónde encontrarlo para sentarse con Él y presentarle sus argumentos.
Y vinieron sus amigos. ¿Por qué no se habrán quedado en sus casas? 


¡Pobre Job! No tenía ningún deseo de escuchar discursos teológicos y filosóficos acerca del dolor, el pecado, etc, mientras se deshacía su carne y su corazón desfallecía.
Luego, Dios le respondió y hablaron. Y le hizo entender.
¿Qué le hizo entender a Job? (19: 25-27)
Le hizo entender algo que en esa época nadie imaginaba ni creía. Dijo Job: YO SÉ QUE MI REDENTOR VIVE. Aprendió acerca del Juicio Divino y de la Resurrección de los muertos. Que luego que pasara por la muerte, vería con sus propios ojos a Jesús. ¡En la muerte no se acababa todo! ¡Aún había Esperanza! Se dio cuenta que estaba atravesando por una leve tribulación momentánea.
Job le dijo a Dios: (34: 32-33)
Enséñame Tú lo que yo no veo.
Si hice mal no lo haré más.
Lo que había sido un Fuego de Prueba por parte de satanás para que Job renegara de Dios y lo abandonara, para que creyera que iba a morir así, bajo maldición, completamente destruído, solo, y que todo su temor de Dios no le había servido para nada, resultó en que Job conoció más íntimamente a Dios, tuvo un Encuentro Personal con su ¡Redentor Vivo! Ahora podía decir que había hablado con Dios cara a cara. Ahora sabía que vivir en el temor de Dios tiene trascendencia espiritual y eterna. Ahora conocía acerca de la Fe, la Esperanza y el Amor divinos.
¿Y cómo terminó todo?
Job le confesó a Dios: (42: 1-6)
Yo conozco que todo lo puedes y que no hay pensamiento que se esconda de Ti. Por tanto, yo hablaba lo que no entendía…
Oye, te ruego y hablaré, te hablaré y Tú me enseñarás.
De oidas te había oido, mas AHORA MIS OJOS TE VEN . Por tanto me aborrezco y me arrepiento en polvo y ceniza.

Pero aún falta la segunda parte: un tremendo desafío, esta vez de Dios para Job.
Dios había estado siempre presente aunque Job no lo sabía y su IRA se había encendido contra sus tres amigos, porque no habían hablado del Él con rectitud como lo había hecho Job, aún estando en tribulación. Para que no los destruyese con su ira, debían presentar un holocausto y Job oraría por ellos. Dios sólo aceptaría la oración de Job a favor de sus amigos.
¡Pobre Job! ¿Debía orar por sus amigos para que Dios no los destruyera?
¿Orar por los mismos que lo habían criticado, juzgado, acusado, sin misericordia?
Sí, porque ahora era un “nuevo Job”, había tenido un Encuentro Personal con su Redentor y Dios le había enseñado acerca del Juicio Divino para todas las personas.
Job obedeció a Dios, oró, intercedió por sus amigos y Dios aceptó su oración y no los castigó. Sus amigos también conocieron a un Dios Vivo y le temieron.
Y aquí vino ¡el gran final!
Recién ahí, después de haber orado por sus amigos:
Dios quitó la aflicción de Job y lo restauró espiritual y materialmente. Y comenzó a referirse acerca de Job como: MI SIERVO JOB.

*     *     *     *     *

Simón, Simón, satanás te ha pedido para zarandearte como a trigo, pero Yo he rogado por ti que tu fe no falte. (Lucas 22: 31-32)

Hermano/a:
Pedro dice que si te ha sobrevenido un Fuego de Prueba no te sorprendas, no consideres como algo extraño lo que te está ocurriendo. Sino, más bien, considérate ¡Bienaventurado! Y glorifica a Dios por ello. Jesús ya está al tanto de ello, estuvo presente cuando el diablo te pidió para zarandearte como a trigo, y, ¿sabés qué?, ya pidió para que tu Fe no falte.
Lo que te está ocurriendo tiene trascendencia espiritual para ti y para los que intervienen en alguna manera en lo que te está pasando, familiares, amigos, etc. Y cuando todo pase, vas a tener que orar, interceder ante Dios por ellos.


Cuando Jesús resucitó buscó a sus Amigos, a aquellos que lo habían abandonado, negado, huído en su peor momento, cuando lo apresaron y crucificaron. A aquellos que lo habían dejado solo.
Los buscó, los perdonó, oró por ellos y los restauró.
Dios ya sabe que tus palabras van a ser:
…MAS AHORA MIS OJOS TE VEN.
Y entonces Él te llamará Mi Siervo, Mi Amigo y aceptará sólo la oración que tú hagas a favor de otros.


¡Eres un Bienaventurado! ¡Glorifica a Dios!



(Elena Sanfilippo Ceraso
    sábado 05/03/2016)

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